7/02/2013

6º capítulo, fanfic Mr. Destiny

Tal y como dije, ahora estoy siendo más puntual xD Martes: sexto capítulo. Aquí se verá la perspectiva de nuestro sexy Sr. Gong Yoo, tan lindooo >.< me encanta este hombre, consigue que me derrita en cada uno de sus dramas xD en fin. Su personalidad aquí es casi idéntica a la del drama coffee prince, estoy prácticamente relatando la historia de estos dos solo que con algunas diferencias y algún que otro nuevo contexto. Aquí lo dejo: 






Libertad. Eso es lo que anhelaba. Parecía que ahora no la tendría de ningún modo… la verdad es que no culpaba ni a mamá ni a mi abuela, ellas tenían razón, después de todo había sido un joven libertino y descuidado con mi vida y reputación, una reputación que debía mantener por el nombre de mi buena familia. Pff, ahora, gracias a estas dos mujeres que eran todo lo que me quedaban en la vida (pues a mi padre no le reconozco como tal, es un hombre al que solo le importa lo material) decidieron dejar sobre mí un gran peso de responsabilidades que debí de haber cargado desde que cumplí los 18 años. Trabajo y más trabajo, abuela y mamá me entregaron un trabajo como encargado de un café de temática jazz, tranquila, suave, ese ambiente me encantaba, me hacía sentir bien. Parece que al fin y al cabo ser jefe del café era una buenísima idea. Aun así no me podía creer que papá me diera un trabajo como profesor y encima ¡de universidad! No es ningún problema… pero me parece demasiado, excesivo, pues yo también invierto a mi corta edad en bolsa y otras buenas inversiones que poco a poco hacen que me independice un poco de las herencia de papá y de mi abuela.
-          ¿Sabe usted que hoy vi a por lo menos diez personas bostezando en clase? – dijo Eun Chan con una sonrisa pícara en el rostro. Tenía el uniforme del café elegantemente puesto. El niño era bastante apuesto, pero aun seguía pensando que su belleza era delicada, aniñada, femenina.
-          Ni en broma, te puedo asegurar que al menos las chicas no se encuentran mejor en cualquier otra clase que en la mía – dije sonriendo de lado, sabía el efecto que conseguía con las chicas y en clase la mayoría suspiraban.
-          Es lo que cree – dijo negando con la cabeza aun sonriendo, estábamos detrás de un mostrador en donde se encontraban los vasos, tazas y cubiertos recién lavados. Eun Chan secaba delicadamente los utensilios con un trapo blanco y los dejaba brillando. – De verdad es vanidoso – dijo girándose hacia mí y mirándome con una sonrisa reprobatoria, tenía en manos una taza - en realidad aburre mucho la economía, al menos en una clase de comunicación audiovisual.
-          Si no te gusta te doy permiso para que te duermas en clase – sonreí de nuevo, yo estaba sentado en un banco pegado a la pared recibiendo la luz solar que se colaba por la ventana con el portátil sobre las piernas, revisando cuentas y gráficos, y también mirando de reojo como hacía el trabajo Eun Chan.
-          Oh, pues le tomaré la palabra al pie de letra. – dijo sonriendo abiertamente – me gustaría que mis amigos puedan hacer lo mismo, le aseguro que de verdad se aburren mucho.
-          ¿Tus amigos? – pregunté más interesado. - ¿Quiénes son?
-          La chica que siempre va conmigo y el chico con cara despreocupada – dijo encogiéndose de hombros – también tengo más, pero no están en mi clase.
-          Vaya – dije yo – y esa chica… ¿cómo se llamaba?
-          Mi Ho, Gu Mi Ho – dijo extrañándose - ¿Por qué? ¿Es linda no?
-          Oh, sí, pero pensé que podía ser tu novia o algo por el estilo. – pregunté haciéndome el despreocupado mientras revisaba unas cuentas en la pantalla.
-          No, desde luego que no – dijo burlándose – la verdad es que…
-          ¿Qué? – dije curioso, veía su rostro pensativo.
-          Pues que… - de repente esbozó una hermosa sonrisa pícara. – Me gusta. – me miró fijamente.
-          ¿Te gusta? – eso sí que me sorprendió - ¿por qué? – eso me preguntaba yo. ¿Por qué me importaba?
-          ¿Cómo que por qué? Pues porque me gusta y ya está – se rió.
-          Oh, supongo… - dije volviendo mi vista a la pantalla. Qué tonto había sido. ¿por qué le gusta a un chico una mujer? Pues porque le gusta…
-          Está usted algo extraño Sr. Gong Yoo. – dijo Eun Chan mientras ordenaba los vasos dentro de una encimera blanca y muy espaciosa. Se paraba de puntillas y se estiraba lo más que podía para llegar. Era gracioso verlo así, aunque era un hombre era de contextura bastante menuda.
-          ¿En serio? – enarqué una ceja. Podía ser… - no lo sé.
-          Bueno – suspiró y se giró, había acabado con los vasos – yo he de irme a seguir atendiendo, si me disculpa jefe. – hizo un gesto de despedida y se marchó a tomar pedidos a unas señoritas impacientes por ver a su camarero favorito del café.
Me levanté del banco y me dirigí hacia la cafetera, me preparé un delicioso café que me enseñó uno de los camareros de mi local. Lo cogí con una mano y me senté de nuevo. Era agradable aquella música tan tranquila y delicada, junto al café relajaban mi cuerpo (Extraño, pues el café no es precisamente para relajar…) y hacían fluir mi mente. Podía dormirme allí mismo, estaba muy cansado. Así que me dejé llevar y me acomodé mejor en la enorme ventana que había allí mismo, la cual daba al jardín de fuera. No sabía cuánto tiempo había estado dormido, pero sumido en un sueño aun pude sentir unas suaves dedos deslizándose por mi rostro, trazando círculos por mi mejilla. Era agradable y muy placentero, hace mucho que nadie hacía eso por mí, mamá lo solía hacer cuando era pequeño. Esas manos me recordaban a las de mamá y se reprodujo a modo de flash back en mi mente mi infancia, aquellos momentos en los que era infinitamente feliz, cuando creía que mis padres estarían siempre juntos, que mi abuela viviría eternamente, cuando creía que el dinero no era nuestra religión... Quería despertarme por completo y aun levemente inconsciente traté de abrir los ojos e incorporarme pero de repente oí una voz adorable que me susurraba una canción. Era tan angelical la melodía que me sentía en el cielo por lo que volví a caer completamente rendido. Desde allí no supe cuanto tiempo continué dormido, pero de repente un grito molesto, exasperante y ruidoso me despertó.
-          ¡Eun Chaaaaaaan!
-          ¿Jeremy? – oí la voz disgustada de Eun Chan.
Abrí los ojos y vi que ya era de noche. Miré mi reloj, las 8.00 p.m., acababa el turno de Eun Chan. Me levanté y aun con mareos de recién levantado me dirigí hacia la sala en donde estaban todas las mesas. Bostecé y me revolví el cabello desordenado tratando de despertarme. Miré a Eun Chan y a Jeremy conversando.
-          ¿Le hemos despertado? – dijo Eun Chan con cara de arrepentimiento.
-          Descuida – dije bostezando de nuevo y frotando mis ojos. Aun habían muchas chicas conversando alegremente mientras algunas me miraban histéricas, demasiadas hormonas femeninas para mí – pero ese chico grita bastante.
-          Oh, eres tú – dijo el rubio con un puchero.
-          Ehm – dije mirándole divertido y con ojos soñolientos – sí, soy yo.
-          Bueno, Sr. Gong Yo, son las 8.00 pm y, como ya sabe, termina mi jornada. Por lo que me voy despidiendo, voy a por mis cosas. – sonrió.
-          Sí claro. – respondí mirándole.
-          Yo te acompaño a casa Eun Chan – decía alegremente el niño rubio.
-          Ni lo pienses – dijo Eun Chan mientras pasaba a los armarios en donde guardaban sus pertenencias los mozos.
Me despedí de Eun Chan y Jeremy y decidí irme también a casa. Iba a ir a mi apartamento pero se me ocurrió que podía ir a visitar a mamá y a abuela por hoy.  Cogí mi deportivo y fui camino hacia casa de mamá. Una vez allí estacioné y me bajé. Me abrió el ama de llaves que tenían.
-          Hacía mucho tiempo que no te teníamos por aquí – decía mi madre desconfiada.
-          Si vienes a  buscar dinero no te lo daremos. Ya te dije que primero deberás demostrar una perfecta marcha con el negocio del café. – dijo mi abuela – además tengo entendido que tú también haces dinero por ti mismo en la bolsa y otras inversiones.
-          Qué mal pensadas – puse la cara más indignada que tenía como buen actor.
-          ¿Entonces qué te trae por aquí? – dijo mamá.
-          ¿Es que no puedo venir un día que quiera ver a mis queridas mamás? – dije inocente.
-          Bueno, ya que estás aquí podrías contarnos sobre el funcionamiento del café – dijo la abuela.
-          Oh desde luego que sí. – sonreí – pero mamá – dije como un niño – me muero de hambre ¿no has hecho la cena aún?
-          Ya hemos cenado – dijo, llamó a una de las sirvientas y le pidió que me trajese la cena – tendrás que comer solo. – me trajeron la cena calentada y me senté frente a mi madre y abuela en la sala.
-          Pues cuéntanos Gong Yoo ¿qué tal va el negocio?
-          Oh hal mo ni, va muy bien. En realidad me alegro de que me hayas encargado ese café a mí personalmente. Es un éxito. El ambiente es fluido, natural, pacífico. Es todo muy tranquilo y agradable. Por la parte económica no hay problemas, desde luego gracias a mí. – dije engullendo la tan deliciosa comida de mamá. Echaba de menos que mamá cocinase para mí. - ¿mamá tú hiciste esto?
-          Sí – dijo ella.
-          Pues está realmente muy bueno amma – dije sonriéndole – echaba de menos tus comidas. – ella sonrió.
-          Mentiroso – dijo.
-          Lo digo en serio – dije – pues hael mo ni, como decía, va muy bien. El producto es bueno y los empleados, que son todos hombres, son muy eficientes en todo. Nuestro público y clientela es normalmente femenina pues todos son muy apuestos – sonreí, las mujeres que tenía en frente parecían complacidas. – comenzando por mí – dije.
-          Suena muy bien – dijo mi abuela. – un día de estos iremos a visitarte.
-          Claro, hael mo ni cuando quieras te llevo. A ti también amma.  – dije terminando de comer. – Cuando haya algún evento especial de los que a veces realizamos os llevaré.
-          Bien – dijo mi abuela notoriamente entusiasmada. - ¿hoy dormirás aquí?
-          ¿Quieres que duerma aquí? – enarqué una ceja divertido.
-          Bueno, pensé que querrías ver tu antigua habitación, allí está sin saber que uso darle.
-          Oh, pues claro – dije sonriendo – estaba recordando cuando era un niño y se me vino a la mente que me llevaban papá y mamá a pescar. ¿Queréis ir el fin de semana al lago? Vamos a pescar y hacemos algún picnic por allí – dije con mi mejor sonrisa.
-          ¿Lo dices en serio? – dijo mamá, me miró con curiosidad – tú quieres algo…
-          ¿Cómo puedes pensar eso de mí? – dije falsamente indignado.
-          ¿No quieres nada? – dijo aun recelosa.
-          Claro que no amma. – dije y me levanté de donde estaba colocándome al lado de ella, me eché en el mueble con la cabeza en su falda y coloqué sus manos sobre mi cara – quiero que me acaricies como cuando era niño ¿sí? – mamá se extrañó pero luego se rió en una carcajada musical.
-          Hoy estás especialmente extraño. – dijo.
-          Es cierto – dijo abuela – pareces otro. – mandó llamar a una sirvienta para que retirase los platos sucios. Luego estuvo pensativa. – ¿no será que…?
-          ¿Qué? – pregunté después de un rato que no dijo nada.
-          No lo creo – dijo como rechazando lo que pensaba – no de ti – y se rió, o burló.
-          ¿Qué era hael mo ni? – dije incorporándome de las piernas de mamá curioso.
-          Nada – sonreía abuela – pensé que tal vez podías estar enamorado.
-          ¿Cómo? – dije riéndome - ¿Eso crees?
-          Bueno, las personas enamoradas se comportan como tú en este momento.
-          ¿Cómo que así?
-          Así de infantiles.
-          ¿Quién es infantil? – dije recostándome de nuevo y poniendo las manos de mamá en mi cara para que siguiera acariciándome. Ellas solo rieron.
Aquella noche dormí estupendamente junto a ellas. Nunca pensé que pudiese volver a sentirme así de…  cálido. Por la mañana me despedí y volví al café a ver si hyung, uno de los empleados (el mayor), había abierto ya. Bajé del coche, el clima estaba fresco, una frescura placentera. Aun no habían abierto la cafetería, era temprano. Me senté en un muro en la terraza del local y esperé unos minutos. No había mucha gente por allí a esas horas así que decidí dar una vuelta por el jardín trasero del café que también tenía mesas, sillas y sombrillas. Respiraba el aire fresco de la mañana y disfrutaba del silencio. Últimamente ir al café se había convertido de un deber a un hobby. Era bastante placentero trabajar allí. El olor exquisito a café, la serenidad del ambiente, música que te envuelve y relaja… y verle a él, tan libre, divertido y lleno de energía… ¿Él? otra vez pensando en ese niño…  Tal vez lo que me llama de él tanto la atención es que se ve tan enérgico y divertido… algo que me falta a mí. Inconscientemente sonreí al recordar la conversación de ayer… pero también fruncí el entrecejo, a él le gustaba su amiga, eso me confesó ¿cómo se llamaba? Gu Mi Ho.
Hace unos días les pregunté a los otros chicos del café sobre él. No sé por qué, pero, de repente, quería conocer más acerca de aquel niño. Sabía bien que no tenía una vida fácil, el muy descarado me había hecho ver la diferencia entre nosotros: el pobre tenía que trabajar y mantener una buena nota en su universidad, yo en cambio era un rico derrochador que ni tan solo pensaba en sus trabajadores. Realmente me agradaba oírle. Uff, era extraña la sensación, me transmitía aquella tranquilidad de un niño pero a la vez sentía ¿cómo decirlo? no sé si me estoy volviendo loco pero diría que se asemeja demasiado a una mujer. Suspiré, caminé un poco más por el jardín y me senté bajo un árbol. De repente vi que a mi lado, justo en una silla cerca, había un pequeño cofre. Una caja diría yo… ¿de quién sería? ¿De uno de los chicos? La curiosidad pudo conmigo y fui directamente a abrir la caja. Habían unas galletitas de un aspecto buenísimo, cogí una, después de todo nadie echaría una más de menos. Me la comí y sentí un papelito en mi boca, lo saqué y me di cuenta de que eran unas galletitas de la suerte. El papelito ponía en cursiva No me importa si eres un hombre o un alien, de forma irremediable sé que aun así me gustas El maldito papelito se me cayó de las manos. Decidí no darle importancia. ¿Qué clase de frase de la suerte era esa? Se supone que quiere decir algo así como: No luches contra tus sentimientos…
Cuando llegó hyung abrimos la cafetería y estuvimos un rato atendiendo junto a otros empleados. Luego yo me preparé puesto que tenía una clase en la universidad. Cogí el coche y me dirigí al campus. Una vez allí bajé y casi todas las miradas femeninas se posaban en mi… y en mi cuerpo. Me quité las gafas de sol y me encaminé a la clase que me tocaba, llevaba un pequeño maletín con el portátil y algunos papeles. Según un profesor de la uni los de comunicación audiovisual tenían una semana de plazo para entregarme un trabajo de publicidad. Al parecer mi padre autorizó que el trabajo más bueno sería el próximo anuncio televisivo del champú, producto principal de la empresa multimillonaria de él. Llegué a clase y me coloqué en el asiento del profesor. Encendí el cañón (pizarra digital) y expuse las últimas estadísticas del mes de la empresa en un resumen. Luego di unas pautas para que el trabajo del anuncio del champú salga bien. A lo lejos, en casi las últimas filas, visualicé a Eun Chan quien se había dormido encima de la mesa mientras su amiga, Gu Mi Ho, golpeaba a su compañero por alguna broma que éste le había hecho. Parecían muy cercanos, tal vez hasta sean novios… pero ¿no le gustaba a Eun Chan su amiga? Sacudí mi cabeza de pensamientos que me distraían y seguí con la charla. Cuando acabó la clase seguía aun con las gafas de leer mientras recogía rápidamente mis cosas. Tenía el maletín en la mano y cuando levanté la vista vi a Eun Chan acercándose a mí.
-          Qué alegría. – dijo de repente. Enarqué una ceja.
-          ¿Por  verme? – dije curioso.
-          No – sonrió – porque por fin terminó la clase. – que descarado… encima se durmió en mi charla…
-          Te dormiste – dije caminando hacia la puerta.
-          Usted me dio permiso – se encogió de hombros. – Sr. Gong Yoo ¿quiere venir con nosotros a la cafetería del campus? – me ofreció. Al principio me negué pero él consiguió que fuese con ellos.
No quería estar con unos niños universitarios pero eran agradables, descubrí que Gu Mi Ho era bastante divertida y que el otro compañero, Kim Hyun Joong, también lo era. Luego se les unió a la mesa una chica muy menuda y otro joven con aspecto de idol. Yo le conocía…
-          Tal vez eres… ¿GD? – dije.
-          Desde luego – sonrió éste. – Conoces Big Bang ¿verdad?
-          Los he oído, sí. Además he trabajado con el grupo alguna vez, bueno, no yo directamente, mi empresa.
-          Vaya, ¿Eres el profesor de esas charlas verdad?
-          Sí – respondí.
-          Ya me parecías muy joven para ser profesor de universidad.
Luego de comer y beber algo descubrí que aquellos chicos eran, aparte de divertidos y geniales, muy inteligentes. Me cayeron muy bien y conversamos un buen rato. De repente Kim Hyun Joong silbó a alguien. Un chico de aspecto algo tenebroso se sentó a su lado y los demás le saludaron, excepto Park Shin Hye, la chica pequeña de aspecto frágil. Simplemente se miraron durante un rato y él se tensó. La chica sonrió divertida y sin decir nada se fue. El otro chico se excusó con su compañero y se levantó también. Parecía tenso, con… ¿miedo? Que extraños… Todo esto lo observaba de reojo, mi verdadero centro de atención era Eun Chan. Miraba como hablaba, sus gestos, sus ojos. Brillan, sus ojos brillan. Su sonrisa… es abierta, sincera, pícara. Su rostro… es delicado, suave, terso, a veces caigo en la tentación de rozar esa adorable piel ¿cómo es posible que quiera acariciar a un chiquillo? Me voy a volver loco…
Se me vino a la mente de repente aquella extraña tira de papel e inmediatamente deshice aquellos pensamientos. Negué con la cabeza y me disculpé con todos, dije que era tarde y debía hacerme cargo del café, al parecer Eun Chan ya había contado que yo era su jefe. Me fui en coche de allí pero en vez de ir a la cafetería llamé a un viejo amigo al que no veía hace semanas. Nos fuimos a tomar algo y para despejar mi cabeza jugamos a los dardos conversando sobre lo que nos habíamos perdido el uno del otro.
Más tarde volví al café. Eran alrededor de las 6.00 pm y encontré trabajando a Eun Chan. Estaba sirviendo unos pedidos a unas chicas extranjeras que acababan de venir allí, conversaban en inglés con Eun Chan, parecía que a las chicas les había caído muy bien mi empleado. Me acerqué al mostrador y encontré a otro de mis muchachos secando vasos y cubiertos. Conversé con él un poco sobre el día en el café y luego abrí el portátil para revisar mis inversiones desde allí. Me senté en una barra para poder observar de reojo también como iba todo. De repente me sacó de mis cavilaciones Eun Chan que se quedó frente a mí parado.
-          ¿De verdad tenía cosas que hacer en el café? – dijo repitiendo mi excusa para irme de la cafetería de la universidad.
-          Me desvié en el camino, un antiguo amigo me llamó… - dije restándole importancia.
-          Vaya – dijo – ¿Sabe? A mis amigos les cayó muy bien – sonrió.
-          Suele ser así – dije divertido – caigo bien a todo el mundo. Hombres y mujeres.
-          Es tan vanidoso…  - dijo negando con la cabeza – no tiene arreglo. – suspiró.
-          Bueno – reí - ¿no te has declarado ante tu amiga aún?
-          ¿Cómo? – dijo extrañado, luego un brillo malicioso cruzó por sus ojos. – Aún no – se encogió de hombros – pero lo pienso hacer muy pronto – sonrió.
-          ¿Así que piensas declararte? – dije levantando una ceja.
-          Oh, desde luego que sí.
-          Bueno, pues suerte – dije – la necesitarás.
-          ¿Cómo que la necesitaré? – preguntó extrañado.
-          Pues porque… creo que a ella le gustaría más tu otro amigo que tú – reí.
-          ¿Los viste muy cercanos esta tarde? – preguntó curiosa.
-          Algo sí. – dije, no mentía – además que tú, con ese aspecto de niño y cara tan femenina dudo que pueda hacerte algún caso…
-          No se meta conmigo Sr. Gong Yoo  - dijo haciendo un puchero. Dios… se veía tan adorable.  – yo soy como soy, y chicos y chicas se mueren por mí, por si no lo sabe aun – me miró con ojos profundos. Carraspeé, aquel niño me ponía los pelos de punta.
-          Dices que soy vanidoso cuando tú también lo eres… - dije esquivando su mirada.
-          Bueno, mi cara bonita también sirve para algo. – dijo, era extraño, antes habíamos estado conversando como a metro y medio de distancia y ahora estábamos cara a cara.
-          Cara de niña… dirás – sonreí  abiertamente. Su rostro era realmente el de una niña. Solo bromeaba un poco pero él se quedó quieto. Entreabrió los labios con la vista fija en mi rostro. Mi sonrisa fue desapareciendo lentamente ¿me mira a mí? ¿tan fijamente? nuestros ojos quedaron enganchados por algún hilo irrompible. De forma inconsciente levanté una mano hacia su suave rostro y acaricié su mejilla, ahora sonrojada. – muy tersa – susurré. ¿Cómo podía ser un hombre con aquella piel tan perfecta? Contuve el aliento y con solo ese roce pensé que me quemaba la mano. Era tan placentero acariciar su rostro… Luego de rozar posé mi palma completa sobre su rostro y me acerqué más a él, tanto que podía oír su respiración. Observé de cerca sus gruesos labios ¿tan rosados? No solo parecía una mujer sino que olía como tal. A este paso ¡Va a conseguir que enloquezca! Antes de que algo más ocurriese me alejé violentamente de él. Tragué de inmediato. Me volví hacia él ¿qué reacción tenía? Respiré profundamente, me faltaba el aire. Él hizo lo mismo y, con unas mejillas adorablemente sonrosadas, parpadeó sin saber que ocurría.
-          Pues… me alegro de ser así – dijo en voz ligeramente baja. – nos vemos luego Sr. Gong Yoo – se excusó y se retiró.

En aquel lugar había demasiada gente y yo había estado a punto de… No, ni hablar. Simplemente rocé su rostro. Fue un acto… amistoso. Pero ¡maldita sea! ¿Por qué hacía eso? ¡Era un chico! Está bien que tenga una cara afeminada, pero seguía siendo un chico. Él me transmitía aquella sensación…  Sí, sí... aquella atracción inconsciente que siente un hombre ante la esencia femenina... aquello mismo sentía, pero demonios ¡Él era un chico! Con un rostro angelical, por cierto... Con una piel blanquísima y tersa, suave... pero era tan solo un niño. No sé por qué de repente sus amistades (sean hombres y mujeres) me interesaban, su vida, su familia, sus notas, todo sobre él. ¡Pero es que esto me estaba volviendo loco! Tenía que haber una forma de pararme… No me podía creer que pueda sentir algo por aquel muchacho con esencia de mujer. ¿Qué demonios me pasaba? ¿Qué era lo que yo sentía? No, no soy gay, jamás lo he sido… pero ¿por qué Eun Chan? ¿Tendrían razón mamá y abuela sobre si estaba…? No quería ni pensarlo ¿tendría razón acaso la tira de papel de la suerte que leí esta mañana? ¿Él me gustaba? Todo apuntaba a que sí… Parecía ser exactamente eso…


NOTA: Ya se ve como el atractivo Sr. Gong Yoo ha descubierto que definitivamente le gusta Eun Chan... pero ¡cree que es gay! xDD en el drama definitivamente me mataban estas partes. Para quien vio la serie el capítulo tal vez le haya sido repetitivo, pero sabiendo ya como ocurre la historia habiendo visto el drama formamos mejor una película cuando leemos ^-^. Y claro, para los que no la vieron, esto es un motivo para que lo hagan, coffee prince ¡es un clásico de los doramas! Me despido ya, besos y bonita semana *-*


0 comentarios:

Publicar un comentario


¡Annyeong! ¡ Bienvenidos a Doramas Preference. Este es un rincón donde compartir opiniones de doramas, películas, kpop, noticias y mucho más^^. ¡No os olvidéis de haceros seguidores y comentar!

Chingus ^^

Popular Posts